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Duck Hunting

Frank Zappa, Los Angeles, 1976 © NORMAN SEEFF, 1976

Frank Zappa, Los Angeles, 1976 © NORMAN SEEFF, 1976

Patti Smith & Robert Mapplethorpe, New York City, 1969 © NORMAN SEEFF, 1969

Patti Smith & Robert Mapplethorpe, New York City, 1969 © NORMAN SEEFF, 1969

Mick Jagger & Keith Richards, Los Angeles, 1972 © NORMAN SEEFF, 1972

Mick Jagger & Keith Richards, Los Angeles, 1972 © NORMAN SEEFF, 1972

Andy Warhol, New York, 1969 © NORMAN SEEFF, 1969

Andy Warhol, New York, 1969 © NORMAN SEEFF, 1969

Robert Mapplethorpe & Patti Smith, 1969 By Norman Seeff

Robert Mapplethorpe & Patti Smith, 1969 By Norman Seeff

Las religiones, como las luciérnagas, necesitan de oscuridad para brillar. 

Estoy aburrido, eso es todo. De vez en cuando bostezo tan ampliamente que las lágrimas ruedan por mi mejilla. Se trata de un profundo aburrimiento, profundo, el corazón profundo de la existencia, la materia misma que estoy hecho.

Me sé del todo indigno de opinar en materia política, pero tal vez me sea perdonado añadir que descreo de la democracia, ese curioso abuso de la estadística.

Desdichadamente para los hombres, el planeta ha sido parcelado en países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de una mitología particular, de derechos, de agravios, de fronteras, de banderas, de escudos y de mapas. Mientras dure este arbitrario estado de cosas, serán inevitables las guerras.


A unos les gusta el alpinismo. A otros les
entretiene el dominó. A mí me encanta la
transmigración.
Mientras aquellos se pasan la vida colgados de
una soga o pegando puñetazos sobre una mesa, yo
me la paso transmigrando de un cuerpo a otro, yo no
me canso nunca de transmigrar.
Desde el amanecer, me instalo en algún
eucalipto a respirar la brisa de la mañana. Duermo una
siesta mineral, dentro de la primera piedra que hallo en
mi camino, y antes de anochecer ya estoy pensando la
noche y las chimeneas con un espíritu de gato.
¡Qué delicia la de metamorfosearse en abejorro,
la de sorber el polen de las rosas! ¡Qué voluptuosidad
la de ser tierra, la de sentirse penetrado de tubérculos,
de raíces, de una vida latente que nos fecunda… y nos
hace cosquillas!
Para apreciar el jamón ¿no es indispensable ser
chancho? Quien no logre transformarse en caballo
¿podrá saborear el gusto de los valles y darse cuenta
de lo que significa “tirar el carro”?
Poseer una virgen es muy distinto a experimentar
las sensaciones de la virgen mientras la estamos
poseyendo, y una cosa es mirar el mar desde la playa,
otra contemplarlo con unos ojos de cangrejo.
Por eso a mí me gusta meterme en las vidas
ajenas, vivir todas sus secreciones, todas sus
esperanzas, sus buenos sus malos humores.
Por eso a mí me gusta rumiar la pampa y el
crepúsculo personificado en una vaca, sentir la
gravitación y los ramajes con un cerebro de nuez o de
castaña, arrodillarme en pleno campo, para cantarle
con una voz de sapo a las estrellas.
¡Ah, el encanto de haber sido camello, zanahoria,
manzana, y la satisfacción de comprender, a fondo, la
pereza de los remansos… y de los camaleones!…
¡Pensar que durante toda su existencia, la
mayoría de los hombres no han sido ni siquiera
mujer!… ¡Cómo es posible que no se aburran de sus
apetitos, de sus espasmos y que no necesiten
experimentar, de vez en cuando, los de las
cucarachas… los de las madreselvas?
Aunque me he puesto, muchas veces, un cerebro
de imbécil, jamás he comprendido que se pueda vivir,
eternamente, con un mismo esqueleto y un mismo
sexo.
Cuando la vida es demasiado humana -
¡únicamente humana!- el mecanismo de pensar ¿no
resulta una enfermedad más larga y más aburrida que
cualquier otra?
Yo, al menos, tengo la certidumbre que no
hubiera podido soportarla sin esa aptitud de evasión,
que me permite trasladarme adonde yo no estoy: ser
hormiga, jirafa, poner un huevo, y lo que es más
importante aún, encontrarme conmigo mismo en el
momento en que me había olvidado, casi
completamente, de mi propia existencia.

Juro que no recuerdo ni su nombre,
Mas moriré llamándola Maria,
No por simple capricho de poeta:
Por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
Ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
Supe de la su muerte inmerecida,
Nueva que me causó tal desengaño
Que derramé una lágrima al oirla.
Una lágrima, si, ¡quién lo creyera!
Y eso que soy persona de energía.
Si he de conceder crédito a lo dicho
Por la gente que trajo la noticia
Debo creer, sin vacilar un punto,
Que murió con mi nombre en las pupilas,
Hecho que me sorprende, porque nunca
Fue para mi otra cosa que una amiga.
Nunca tuve con ella más que simples
Relaciones de estricta cortesía,
Nada más que palabras y palabras
Y una que otra mención de golondrinas.
La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
Solo queda un puñado de cenizas),
Pero jamás vi en ella otro destino
Que el de una joven triste y pensativa.
Tanto fue así que hasta llegué a tratarla
Con el Celeste nombre de Maria,
Circunstancia que prueba claramente
La exactitud central de mi doctrina.
Puede ser que una vez la haya besado,
¡ Quién es el que no besa a sus amigas!
Pero tened presente que lo hice
Sin darme cuenta bien de lo que hacia.
No negaré, eso si, que me gustaba
Su inmaterial y vaga compañía
Que era como el espíritu sereno
Que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
La importancia que tuvo su sonrisa
Ni desvirtuar el favorable influjo
Que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aun, que de la noche
Fueron sus ojos fuente fidedigna.
Mas, a pesar de todo, es necesario
Que comprendan que yo no la queria
Sino con ese vago sentimiento
Con que a un pariente enfermo se designa
Sin embargo sucede, sin embargo,
Lo que a esta fecha aún me maravilla,
Ese inaudito y singular ejemplo
De morir con mi nombre en las pupilas,
Ella, múltiple rosa inmaculada,
Ella que era una lámpara legítima.
Tiene razón, mucha razón, la gente
Que se pasa quejando noche y día
De que el mundo traidor en que vivimos
Vale menos que rueda detenida:
Mucho más honorable es una tumba,
Vale mas una hoja enmohecida.
Nada es verdad, aquí nada perdura,
Ni el color del cristal con que se mira.
Hoy es un dia azul de primavera,
Creo que moriré de poesia,
De esa famosa joven melancólica
No recuerdo ni el nombre que tenía
Sólo sé que pasó por este mundo
Corno una paloma fugitiva:
La olvidé sin quererlo, lentamente,
Como todas las cosas de la vida.

Metallica - The Call of Ktulu (The Call of Cthulhu)